domingo, 6 de noviembre de 2011

LOS EXPERTOS

Un hombre a quien se consideraba muerto fue llevado por sus amigos para ser enterrado. Cuando el féretro estaba  a punto de ser intruducido en la tumba el hombre revivió inopinadamente y comenzó a golpear la tapa del féretro.
Abrieron la tapa y el hombre se incorporó -"¿Qué estais haciendo?"-, dijo a los sorprendidos asistentes -"Estoy vivo. No he muerto"
Sus palabras fueron oidas con asombro silencioso. Al fin, uno de los deudos acertó a hablar -"Amigo, tanto los médicos como los sacerdotes han certificado que habías muerto y ¿como van a haberse equivocado los expertos?"
Así, pues volvieron a colocar la tapa y lo enterraron debidamente...
Del libro El canto del Pajaro Anthony de Mello obsequio del Flaco Contreras

miércoles, 2 de noviembre de 2011

BARRILETE COSMICO

ROMA.- Diego Maradona volvió a ser la tapa de los diarios italianos. No por lo que pudo hacer adentro de una cancha, sino porque el actual DT de Al Wasl de Emiratos Arabes Unidos le escribió una emotiva carta a Antonio Cassano, el goleador de Milan, que fue hospitalizado el fin de semana pasado.
"Hay momentos en la vida en los que un futbolista tiene que ser fuerte. Por sí mismo, por sus hijos y por su familia. Son momentos de sufrimiento. También físico. Sé de lo que hablo y sé que en estos momentos, querido Antonio, entiendes lo que te quiero decir", comienza diciendo la carta que Diego escribió en el diario Corriere dello Sport.
"Sé cuáles son los pensamientos, los miedos y los tormentos que afloran en tu mente. Conozco la sensación de desconcierto y, por qué no, de soledad que de repente hace que veas todo negro. Lo sé, lo sé bien y por eso me siento muy cercano a ti y a Gattuso, quien también está viviendo un periodo triste", continúa la carta del ex técnico de la selección argentina.
Cassano fue hospitalizado en el Policlínico de Milán el pasado domingo después de sufrir problemas para hablar y en el movimiento y, aún no hay noticias oficiales de la gravedad de su problema.
"Querido Antonio, estoy convencido de tu carácter positivo, que recuerdo bien desde aquel día que nos conocimos en Roma, tu físico fuerte y la ayuda de quienes están cerca y te quieren te ayudarán a superar esta adversidad", agrega Diego.
Maradona conoció a Cassano en 2005 cuando el bambino jugaba en Roma, y desde entonces siempre ha elogiado por su "juego" y por su "simpatía" al italiano.

domingo, 9 de octubre de 2011

-EL JUEGO DE PELOTA EN RANTAMPUR

Del Libro El Bar del Infierno del genial Alejandro Dolina
EL JUEGO DE PELOTA EN RAMTAPUR

Informes del profesor Richard Bancroft, corresponsal de la Enciclopedia Británica.



Informe 1

Más allá de los confines del Nepal, no lejos de Katmandú, la ciudad que fue un lago, fuera de los circuitos de las caravanas, al sur o quizás al este del río que se llama Arum, se alzan las pardas murallas de Ramtapur.

Allí, desde hace siglos, se practica un juego colectivo de pelota. Sus orígenes son imposibles de rastrear. Probablemente se trate de una costumbre muy anterior a los tiempos de Amshurvarma, el rey más célebre de la dinastía de los Takuris.

Los complicados reglamentos carecen de interés a los efectos de esta monografía. Basta decir que dos bandos de siete hombres cada uno se enfrentan para disputar la posesión de una pequeña bola de cuero o madera, la que finalmente deber ser depositada en un lugar predeterminado.

Los juegos se realizan en la Shanga, un antiguo estadio de piedra, cuyas amplias terrazas permiten la asistencia de casi todos los habitantes de la ciudad.

Los atletas que practican el juego de pelota son hombres admirados por su destreza y vigor. Se les rinden toda clase de homenajes y les está permitido permanecer sentados aún ante la presencia del Khan de Ramtapur.

Los equipos se distinguen por el color de su kaupina, un breve taparrabos que los cubre durante la contienda. Los principales son cuatro: el verde, el naranja, el azul y el azul oscuro.

Los habitantes de Ramtapur han venido desarrollando unas predilecciones personales que los conducen a asociar sensaciones de orgullo y plenitud con el triunfo de uno solo de los equipos y la derrota del resto. La orientación de estas preferencias no responde a razones previsibles, ni sus límites coinciden con los de las castas, las razas o los distritos.

Durante los primeros siglos de su práctica, el juego de pelota era solamente una diversión de los príncipes ociosos. Pero a partir de las Nuevas Reglas de época de Prithvinarayan Shah, la población se fue interesando cada vez más en los resultados del juego hasta convertirlo en el punto central de la actividad de la región.

El viajero que llega a Ramtapur advierte inmediatamente que todas las personas se visten o se adornan con los colores de aquel equipo al que han hecho objeto de sus deseos de triunfo.

Las imágenes de los cultos de Narayana y Rudra son perturbadas muchas veces por pañuelos y banderas. Los hinduistas murmuran el nombre de sus atletas en interminables japas, cuyo propósito es, tal vez, lograr que los dioses influyan sobre el juego.

Los menos creyentes procuran ayudar ellos mismos al triunfo de su equipo concurriendo a la Shanga y adoptando una actitud de constante amenaza hacia quienes se les oponen. Para su mejor intelección, tales amenazas se profieren bajo la forma de cantos rítmicos cuyas normas de versificación todos conocen. Con gran dificultad he traducido algunos

                                 “Más fácil le será

al ínfimo intocable

ser dueño de un palacio

que a vosotros, atletas verdes,

salir hoy de la Shanga

vivos y triunfadores.”

“Un deseo hallará su tumba

en estas piedras.

Es el deseo verde:

el viento llevará noticias

de su menoscabada virilidad

hasta las chozas indignas

en las que moran.”

“Observen, observen, observen

esa muchedumbre de hombres ineptos

muy pronto, al egresar de este recinto,

invadiremos sus cuerpos

del modo más humillante.”

“Verde, verde, verde

intolerancia, intolerancia, intolerancia.”

Informe 2

Me permito recordar en esta página que en Bizancio las carreras de carros entusiasmaban a las multitudes con la misma desmesura. Los azules eran los carros de los partidarios del emperador. Los verdes pertenecían a la oposición. Se decía que eran, además, monofisitas, es decir que negaban la naturaleza humana del Cristo. El emperador Justiniano protegía a los azules, pero la emperatriz Teodora era verde. En enero del 532, después de grandes disturbios y saqueos, verdes y azules se unieron en una revuelta que hizo temblar al imperio.

En Ramtapur, los asuntos políticos no tienen suficiente dimensión como para vincularse con el juego.

La población consiente la injusticia y soporta la pobreza, siempre que no se perturben sus peculiares anhelos de gloria.

La idea del honor entre los habitantes de Ramtapur es absolutamente desaforada. Toda ofensa es irreparable y casi cualquier cosa es una ofensa. Podría decirse que las cuestiones de honor están relacionadas con la idea que un hombre tiene de sí mismo. En Ramtapur, todos son capaces de admitir su condición limitada, salvo cuando consideran su simpatía por uno de los equipos del juego. En ese caso, sus personas son de un valor infinito y los agravios que se les infieren, mortales.

Tomar en vano el nombre de un atleta es arriesgarse a ser asesinado por sus partidarios. Los objetos relacionados con cada equipo son sagrados y su profanación se paga con la vida.

Estas cuestiones dividen a las familias y colocan muchas veces al hijo contra el padre, al hermano contra el hermano y al amigo contra el amigo.

Casi todas las noches aparecen cadáveres de personas que han ofendido la dignidad de algún color. Esta clase de muerte ocupa el segundo lugar entre las más frecuentes de Ramtapur, después del aplastamiento por aludes de nieve. Las autoridades locales casi nunca intervienen y las instancias superiores son imperceptibles a causa de las distancias y las dudas jurisdiccionales.

Los artistas han abandonado para siempre los temas tradicionales. Los talladores de maderas ya no se demoran en las arduas escenas de la lucha entre los Pandava y los Káurava. Los modeladores de arcilla dejaron de amasar las pintorescas estatuas del dios mona Hánumat. Todos ellos prefieren las figuras de los atletas, casi siempre como avatares heréticos de Visnu.

Los pintores budistas de la ciudad se complacen en representar a los jugadores de pelota con centenares de brazos y numerosas cabezas y ojos, a la manera de Avalokitésvara. Los narradores de historias desprecian a los demonios, las princesas y los dragones de las literaturas clásicas para referir las hazañas de Bahadur Mukerji o de El gran Birendra, aunque tengo para mí que el mejor de todos ha sido Narasimha, el mago de los azules.

Informe 3

He sabido que algunos mercaderes acostumbran a instalar su pira funeraria en el mismo estadio de la Shanga para que sus cenizas se desparramen en ese foro y transmitan a los atletas amados fuerza, coraje y determinación. Para evitar que estos despojos vengan a beneficiar a la facción equivocada, cada equipo reserva para sus ceremonias fúnebres un sector del terreno, que los atletas pisan descalzos antes de cada justa.

Los filósofos, los mandarines y los hombres santos, especialmente los verdes, los naranjas y los del azul oscuro, se han alejado de la vidya y de los senderos de salvación y se han esforzado en construir unas falsas noblezas, hijas de la sacralización de los gestos más vulgares de la plebe.

La comprensión del universo, la conquista de la sabiduría, el dominio de nuestros impulsos indignos, son vistos en todas partes como desórdenes mentales. El amor ha sido reemplazado por una modesta lujuria en los días de victoria. Toda energía debe ser consagrada al deseo. Y el único deseo es la victoria en el juego.

Advino el estupor de los doctores al advertir en Ramtapur pasiones tan occidentales. En Oriente, uno no es su deseo y la idea agonal del triunfo desinteresado es siempre un despropósito. Conjeturo que el juego y sus tribulaciones fueron introducidos por alguna caravana de viajeros occidentales.

Azules: el triunfo es nuestro glorioso pasado, nuestro inevitable futuro y nuestro ilusorio presente.

Informe 4

El maleficio de la civilización occidental llegó a estas remotas alturas de un modo tardía e imperfecto, pero también inexorable. La radio y la televisión de Ramtapur son hospitalarias con las bagatelas internacionales. Sin embargo, casi todas las trasmisiones están destinadas al juego de pelota y sus asuntos anexos. A lo largo de los años, los nombres de los ganadores, las fechas de sus victorias y aun las mínimas incidencias del juego han ido formando un gigantesco y superfluo corpus de nociones en cuyo dominio se ejercitan todos los gandules de Ramtapur.

Gentes piadosas que antaño memorizaban los interminables versos del Rig-Veda se afanan ahora en repetir el nombre de los autores de las más remotas anotaciones. Alrededor de esta vana erudición cunde la controversia. El homicidio no es el argumento menos común.

Escribo estas líneas sentado en el café Thâkur. De pronto, irrumpe una pandilla con la divisa naranja. Llevan la barba recortada según la última moda, hacen sonar unas grandes matracas y se abren paso a empujones. Cuando ven mi pañuelo azul, me escupen y tumban mi mesa.

Estos grupos salen a la calle a celebrar las victorias o lamentar las derrotas cometiendo robos, violaciones, saqueos y asesinatos. Todos los crímenes se cometen al son de unos instrumentos, mientras se cantan canciones como las que hemos glosado en el informe número 1.

Estos procedimientos dejan la ilusión de un rito, lo cual, para los habitantes de Ramtapur, es garantía de impunidad. Las fechorías rítmicas no son castigadas por la ley. Muchos sospechan que aprovechando este exotismo jurídico, las bandas de delincuentes se hacen pasar por fanáticos, pero yo no creo eso.

Informe 5

Recién ahora comprendo la naturaleza de la fuerza principal de empuja a los adictos al juego de pelota. Es el odio. Un odio perfecto, no contaminado por los intereses, por el afán de lucro, por la lujuria negada o por la propiedad usurpada.

Este encono artificial, construido a lo largo de generaciones, es más intenso que cualquier otro. No necesita explicación. No admite reconciliaciones. Las gentes de Ramtapur, los ricos y los menesterosos, los brahamanes y los parias, van al estadio de la Shanga a odiar. Los pobres de espíritu, incapaces de cualquier energía pasional, sienten correr por su sangre una ira más grande que ellos mismos, un furor que los posee con majestad foránea.

Reducido a su simple apariencia, a su mera caligrafía burguesa, el juego es inocente y anodino. Sólo quienes lo comprenden de verdad pueden captar su magnitud heroica. Y para comprenderlo hay que odiar. Compadezco al mero inglés que se contenta con las emociones del crochet. El que ha oído el alarido sanguinario de la Shanga ya no puede regresar. Anoche, en el defectuoso lupanar de Ramtapur, un mercader, tal vez narcotizado con hierbas de las alturas, denigró a los azules con gritos de la mayor obscenidad. Abandoné unos brazos que me acariciaban en vano para constituirme ante el ofensor.

­-El caballero puede arrastrarme por el cieno, si es su deseo, ya que no soy nadie. Pero la mínima afrenta a la divisa azul se lava sólo con sangre.

Lo maté con mis manos, lentamente.

Gloria al pabellón azul,

inmundicia de perro

sobre las otras banderas.


sábado, 17 de septiembre de 2011

MAGO DE RIGA Mikhail Tal Campeon Mundial de Ajedrez 1961

"Para poder descubrir nuevos mundos es necesario tener el coraje de perder de vista la costa durante mucho tiempo"
                        André Gide  (1859-1951) Premio Nobel de Literatura 1947

domingo, 11 de septiembre de 2011

THE BEST WEAPON

"...la mejor arma contra un enemigo es otro enemigo.."
                                         FRIEDRICH NIETZSCHE
                                              1844-1900

jueves, 8 de septiembre de 2011

INSTRUCCIONES PARA HUNDIR UN SUBMARINO

De Yahveh, el profeta Jonás dijo "..El me oyó desde el vientre del infierno...". En cambio, nadie oyó o quiso oír a los diecisiete marineros rusos que en el año 2001 quedaron atrapados en el submarino Kursk. Por espacio de cuatro días con sus noches, los atribulados submarinistas esperaron a ser rescatados a escasos cien metros de la superficie gélida y borrascosa del Mar de Barents. Receloso de que sus enemigos conociesen los secretos de su armamento oceánico, el Presidente Vladimir Putin se negaba a aceptar la asistencia de los noruegos y los americanos, a la sazón los únicos provistos con pequeños sumergibles de rescate. Cuando los rusos al fin se resignaron a pedir ayuda, era ya demasiado tarde; los marineros habían muerto por el estallido fulminante de la cámara donde se hallaban. Tuvieron, sin embargo, tiempo para redactar poemas de despedida a sus familias
                                                     Buques fantasma y balsas de locos
                                           La Isla de las Tribus Perdidas     Ignacio Padilla

sábado, 27 de agosto de 2011

LOS NUEVE MIL MILLONES DE NOMBRES DE DIOS


                         LOS NUEVE MIL MILLONES DE NOMBRES DE DIOS

                                                         I

El doctor Wagner se contuvo haciendo un esfuerzo. La cosa tenia mérito. Después dijo:
-Su pedido es un poco desconcertante. Que yo sepa, es la primera vez que un monasterio tibetano encarga una maquina de calcular electrónica. No quisiera parecer curioso, pero estaba lejos de pensar que un establecimiento de esta naturaleza tuviese la necesidad de aquella maquina. ¿Puedo preguntarle que piensa hacer con ella?-
El lama se ajusto los faldones de su túnica de seda y dejo sobre la mesa la regla de cálculo con la que terminaba de hacer la conversión de libras a dólares.
-Con mucho gusto. Su computadora electrónica tipo cinco puede hacer, si su catálogo no miente, todas las operaciones matemáticas hasta diez decimales. Si embargo, me interesan letras y no números. Tendría que pedirles que modificasen el circuito de salida, de modo que imprimiese letras en vez de columnas de cifras-
- No termino de comprender…
- Desde la fundación de nuestro monasterio, hace más de tres siglos, nos hemos venido consagrando a cierta labor. Es un trabajo que acaso parezca extraño, y por ello le pido que me escuche con espíritu abierto
-De acuerdo
-Es sencillo. Estamos redactando la lista de todos los nombres posibles de Dios
-¿Cómo?
El lama prosiguió imperturbable
-Tenemos excelentes razones para creer que todos estos nombres requieren, como máximo, nueve letras de nuestro alfabeto
-¿Y han estado haciendo esto durante tres siglos?
-Si. Y hemos calculado que necesitaríamos quince mil años para completar nuestra tarea.
El doctor lanzó un silbido ahogado, como si estuviera un poco aturdido.
-O.K.  Ahora comprendo porque quiere usted alquilar una de nuestras maquinas. Pero, ¿Cuál es el objeto de la operación?
El lama vacilo una fracción de segundo, y Wagner temió haber molestado a aquel singular cliente que acababa de hacer el viaje de Lhassa a Nueva York con una regla de calcular y el catalogo de la “Compañía de Computadoras Electrónicas” en el bolsillo de su túnica de color azafrán.
-Puede llamarlo ritual si así lo quiere-respondió el lama- pero tiene una gran importancia en nuestra fe. Los nombres del Ser Supremo, Dios, Júpiter, Jehová, Alá y otros, no son mas que rótulos escritos por los hombres. Consideraciones filosóficas demasiado complejas para que se las exponga ahora nos han dado la certidumbre de que, entre todas las permutaciones y combinaciones posibles de letras, se encuentran los verdaderos nombres de Dios. Pues bien, nuestro objeto consiste en encontrarlos y escribirlos todos.
-Ya comprendo. Han empezado ustedes con A.A.A.A.A.A.A.A.A  y terminaran con Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z
-Con la diferencia de que utilizamos nuestro alfabeto. Desde luego, supongo que les será fácil modificar la maquina electrónica adaptándola a nuestro alfabeto. Pero hay otro problema mas interesante, la disposición de circuitos especiales que eliminen las combinaciones inútiles. Por ejemplo ninguna de las letras debe aparecer mas de tres veces sucesivamente.
¿Tres? Querrá decir dos.
No. Tres. Pero la explicación detallada requeriría demasiado tiempo, aunque comprendiera usted nuestra lengua.
Wagner dijo, precipitadamente:
-Claro, claro. Prosiga.
-Le será fácil adaptar su computadora automática para lograr ese punto. Convenientemente dispuesta, una maquina de ese tipo puede permutar  las letras unas tras otras e imprimir el resultado. De esta manera-concluyó el lama tranquilamente- lograremos en cien días lo que nos habría costado quince mil años mas.
El doctor Wagner creyó perder el sentido de la realidad. Las luces y los ruidos de Nueva York parecían esfumarse al llegar a las ventanas del building. Allá, a lo lejos, en su remoto asilo montañoso, los monjes tibetanos componían desde hace trescientos años, generación tras generación, su lista de nombres desprovistos de sentido…..
¿Acaso la locura de los hombres no tenia un límite? Pero el doctor Wagner no debía manifestar sus pensamientos. El cliente tiene siempre razón….
Respondió:
-No cabe duda de que podemos modificar la computadora tipo cinco de manera que imprima las listas como usted desea. Me preocupa mas la instalación y el manejo. Además no será fácil transportarla al Tibet.
-Esto puede arreglarse. Las piezas sueltas son lo bastante pequeñas para que puedan transportarse en avión. Por eso hemos elegido la maquina de ustedes. Envíen las pieza a la India, y nosotros nos encargaremos de lo demás.
-¿Desean los servicios de dos de nuestros ingenieros?
-Si, para montar la maquina y vigilarla los cien días.
-Enviaré una nota a la dirección de personal-dijo Wagner, escribiendo en un block- Pero aun hay dos cuestiones mas para resolver….
Antes de que pudiese terminar la frase, el lama había sacado del bolsillo una hojita de papel.
-Aquí tiene el estado, certificado, de mi cuenta en el Banco Asiático.
-Muchas gracias. Perfectamente…..Pero, si me permite, hay otra cuestión, tan elemental que casi no me atrevo a mencionarla. A menudo ocurre que se olvidan las cosas evidentes…. ¿Disponen de energía eléctrica?
-Tenemos un generador Diesel eléctrico de cincuenta kilovatios y ciento diez voltios. Fue instalado hace cinco años y funciona bien. Nos facilita la vida en el monasterio: Lo compramos principalmente para hacer girar los molinos de oración.
- Ah, ya. Naturalmente. Hubiese debido pensarlo….

                                                 

                                                           II

 La vista, desde el parapeto, producía vértigo. Pero uno se acostumbra a todo.
Tres meses habían transcurrido, y a Georges Handley no le impresionaban los seiscientos metros de caída vertical que separaban el monasterio de los campos cuadriculados del llano. Apoyado en las piedras redondeadas por el viento, el ingeniero contemplaba con ojos cansinos las montañas lejanas cuyos nombres ignoraba. “La operación nombre de Dios”, según la había bautizado un humorista de la Compañía, era sin duda el trabajo mas desconcertante en que jamás había participado.
Semana tras semana, la maquina tipo cinco modificada había llenado miles y miles de hojas con sus inscripciones mas absurdas. Paciente e inexorable, la maquina calculadora había agrupado las letras del alfabeto tibetano en todas las combinaciones posibles, agotando una serie tras otra. Los monjes recortaban ciertas palabras al salir de la maquina electrónica y las pegaban devotamente en unos enormes registros. Dentro de una semana, su trabajo habría terminado.
Hanley ignoraba que cálculos oscuros los habían llevado a la conclusión de que no hacia falta estudiar conjuntos de diez, de veinte, de cien o de mil letras, y no había ningún empeño en saberlo. En sus pesadillas, soñaba algunas veces que el gran lama decidía bruscamente complicar un poco mas la operación y que había que proseguir el trabajo hasta el año 2060. El hombre parecía muy capaz de una cosa así.
Crujió la pesada puerta de madera. Chuk se reunió con el en la terraza. Chuk estaba fumando un cigarro como de costumbre. Se había hecho popular entre los lamas repartiéndoles habanos. “Aquellos individuos podían estar completamente desquiciados- pensó Hanley- pero no tenían nada de puritanos” Las frecuentes excursiones al pueblo no habían carecido de interés.
-Escucha Georges-dijo Chuk- estoy preocupado.
-¿Se ha estropeado la maquina?
-No.
Chuk se sentó en el parapeto: Fue algo sorprendente, pues de ordinario, temía el vértigo.
-Acabo de descubrir el objeto de la operación.
-¡Pero si ya lo sabíamos!
-Sabíamos lo que querían hacer los monjes, pero ignorábamos el porque.
-Bah! Están chalados….
-Escucha, Georges, el anciano acaba de explicármelo. Piensan que cuando se hayan escrito todos estos nombres (que, según ellos, son unos nueve mil millones), se habrá alcanzado el divino designio. La raza humana habrá cumplido la misión para la que fue creada.
-Y después ¿qué? ¿Esperan, acaso, que nos suicidemos?
- Sería inútil. Cuando la lista este terminada, intervendrá Dios, y todo habrá terminado
-¿Se acabará el mundo?
Chuk lanzo una risita nerviosa
-Esto es lo mismo que le he dicho al anciano. Entonces él me ha mirado de un modo extraño, como el maestro al discípulo particularmente lerdo, y me ha dicho: “! Oh, no será una cosa tan insignificante!”
Georges reflexionó un momento
-Es un tipo que, por lo visto, tiene grandes ideas -dijo-, pero no veo que cambie nada la situación. Ya habíamos convenido en que están locos.
-Si. ¿Pero te das cuenta de lo que puede ocurrir? Si, terminadas las listas, no suenan las trompetas del ángel Gabriel, en su versión tibetana, pueden pensar que es por culpa nuestra. A fin de cuentas utilizan nuestra maquina. No me gusta esto….
-Comprendo…-dijo Georges, muy despacio-, pero ya he visto otros casos parecidos. Cuando yo era chico, hubo en Luisiana un predicador que anunció el fin del mundo para el domingo siguiente. Centenares de personas lo creyeron. Incluso algunas vendieron sus casas. Pero nadie se encolerizó cuando pasó el domingo. La mayoría pensó que había sido solo un pequeño error de cálculo, y muchos de ellos siguieron creyendo igual.
-Para el caso de que no lo hayas notado, debo advertirte que no estamos en Luisiana. Estamos solos, los dos, entre centenares de monjes. Son muy simpáticos, pero preferiría hallarme lejos cuando el viejo lama se de cuenta del fracaso de la operación.
-Hay una solución: un pequeño sabotaje inofensivo. El avión llega dentro de una semana, y la maquina terminará su trabajo en cuatro días, a razón de veinticuatro horas por día.
Solo tenemos que hacer una reparación que dure tres o cuatro días. Si calculamos bien el tiempo, podemos hallarnos en el aeropuerto cuando salga de la maquina la ultima palabra.


                                                     III

 Siete días mas tarde, cuando sus caballitos montañeros descendían la carretera en espiral, Hanley dijo:
-Siento un poco de remordimiento. No huyo porque tenga miedo, sino porque me dan pena. No quisiera ver la cara que pondrá esta buena gente cuando se detenga la maquina.
-Si no me equivoco-dijo Chuk- han adivinado perfectamente que huíamos, y les ha tenido sin cuidado. Ahora saben que la maquina es absolutamente automática y que huelga toda vigilancia. Y también creen que no habrá un después.
Georges se volvió en la silla y se quedó dormido. La mole del monasterio recortaba su parda silueta sobre el sol poniente. Unas lucecitas brillaban de vez en cuando bajo la masa sombría de las murallas, como los tragaluces de un navío en ruta. Eran las lámparas eléctricas suspendidas en el circuito de la computadora tipo cinco.
“¿Qué sucedería con la computadora electrónica”- se pregunto Georges-. ¿La destruirían los monjes, a impulsos del furor y el desengaño? ¿O volverían a comenzar de nuevo?”
Como si todavía estuviese allí, veía todo lo que pasaba en aquel momento en la montaña, detrás de las murallas. El gran lama y sus auxiliares examinaban las hojas, mientras los novicios recortaban nombres extravagantes y los pegaban en el enorme cuaderno. Y todo esto se realizaba en medio de un religioso silencio. No se oía mas que el tableteo de la maquina, golpeando el papel como una lluvia mansa. La propia maquina, que combinaba millares de letras por segundo, era absolutamente silenciosa….
La voz de Chuk interrumpió sus sueños.
-¡Míralo! ¡He ahí una visión agradable!
Semejante a una minúscula cruz de plata, el viejo avión de transporte DC3 acababa de posarse allá abajo, en el pequeño aeródromo improvisado. Esta visión daba ganas de beber un buen trago de whisky helado. Chuk empezó a cantar, pero se interrumpió de pronto. Las montañas parecían restarle ánimos.
Georges consulto su reloj.
-Estaremos en el llano dentro de una hora-dijo-. Y añadió-: ¿Crees que habrá terminado el cálculo?
Chuk no respondió, y Georges levanto la cabeza. Vio que el rostro de Chuk estaba muy pálido, vuelto hacia el cielo.
-Mira!- murmuró Chuk
Georges, a su vez, levantó los ojos.
Por última vez, encima de ellos, en la paz de las alturas, las estrellas se apagaban una a una…..
                                                 Sir Arthur Charles Clarke