Una ciudad sumeria durante la fiesta del Año Nuevo. Los sumerios solamente consideraban dos estaciones: el verano y el invierno. El Año Nuevo se celebraba a principios del verano coincidiendo con lo que para nosotros sería finales del mes de abril.
La fiesta del Año Nuevo era en honor de la diosa Inanna (más tarde Ishtar), diosa del amor, del sexo y la guerra. Inanna no fue jamás una diosa madre como algunos creen, de hecho, ni siquiera tuvo hijos. Era la joven rebelde del panteón sumerio. Inteligente y dispuesta a aprender de los errores; pero también con una gran ambición personal, compasión hacia los humanos y paralelamente un carácter muy vengativo. En una ocasión, tras haber sido violada por un jardinero, lanzó contra la humanidad una serie de plagas (agua que se convierte en sangre, lluvia de ranas y langostas, úlceras en la piel… ¿De qué me suena esto? ¿Dónde lo he leído antes? Tengo una extraña sensación de déjà vu…). La fiesta conmemoraba la bajada de la diosa al infierno, donde atravesaba las siete puertas del mismo, dejando una prenda en cada una y entregando su propio cuerpo en la última, tras lo que moría. Sin embargo, al tercer día resucitaba y retornaba triunfante al mundo más poderosa que nunca (vuelvo a tener una extraña sensación de déjà vu). En las primeras versiones del mito, Inanna encuentra a su marido, Dumuzi, en medio de una fiesta y enfadada lo envía de una patada al infierno. En las más modernas, el mito se había descafeinado y ella es una esposa sumisa y enamorada que baja al infierno para salvar al marido en vez de para convertirse en una superdiosa.
Los sumerios tenían una total desinhibición hacia el sexo, considerándolo una parte fundamental de la vida, por lo que en esos días se practicaba, y mucho. Se piensa que también era una forma de conseguir “sincronizar” los nacimientos, pues se intentaría que gran parte de las mujeres quedasen embarazadas dando a luz en un momento del año en que, recogida la cosecha, los bebés podían ser mejor atendidos. Dependiendo de las ciudades, la fiesta duraba más o menos días -la media era de una semana-. A lo largo de esas jornadas se celebraban banquetes públicos costeados por los templos o el palacio del gobernante, y se organizaban recitales de música y procesiones solemnes durante las cuales se arrojaban regalos a la multitud. El acto central del Año Nuevo era la ceremonia de la hierogamia o matrimonio sagrado. Durante la misma el gobernante pasaba al interior del templo y, ante la estatua divina, se acostaba con la gran sacerdotisa, momento en que le eran transmitidos sus poderes de mando. En realidad, se piensa que la mayor parte de las veces el sexo era fingido, pues se sabe de casos en que dicha gran sacerdotisa era hija del gobernante y para los sumerios el incesto era un delito terrible. El hecho de que fuera real o fingido dependía de las épocas y las ciudades. Hubo casos en los que la gran sacerdotisa quedaba embarazada y al hijo/a se le otorgaba un carácter semidivino. Hay que tener en cuenta que, para los sumerios, no era vergonzoso ser madre soltera. De hecho, Sargón de Akhad, gran conquistador y fundador de la dinastía acadia, se jactaba en su biografía de ser hijo de una madre soltera, la cual lo había abandonado en una cesta en el río, siendo y adoptado por un miembro de la corte real de Kish que lo encontró (de nuevo me asalta el maldito déjà vu ¿De qué me sonará esa historia?).
Tras la hierogamia, todo el mundo hacía el amor, ya fuese con su media naranja o con las hieródulas del templo (prostitutas sagradas). Tampoco estaba mal visto hacer el amor esos días con el/la amante de turno. Los hombres podían tener concubinas y amantes, y las mujeres podían tener amantes siempre que el marido les diera su permiso. Y parece que sí era habitual que lo dieran, además tampoco importaba si la mujer quedaba embarazada, pues para los sumerios los hijos eran fundamentales y el marido no tenía inconveniente alguno en adoptar al retoño, teniendo éste todos los derechos de un hijo natural. En su mentalidad, el perdedor era el amante que se quedaba sin un hijo y el ganador era el marido que conseguía un descendiente más. Como eran gente muy desinhibida, no era nada extraño ver a parejas haciéndolo incluso por las calles. Se bebía cerveza, se cantaba y se hacía el amor… Y ni siquiera tenían que confesarse o sentirse culpables por ello. ¡No es de extrañar que fuera la fiesta más importante de la religión sumeria!
Colaboración de Joshua BedwyR autor de En un mundo azul oscuro
Imagen: Journeying to the Goddess
Javier Sanz 2014
jueves, 1 de enero de 2015
domingo, 14 de diciembre de 2014
EL GRAN JUEGO
En este momento surgen en mi espíritu dos imágenes, que indican con bastante precision las etapas de mi existencia. La primera me remite de nuevo a mi primer infancia, en Julio de 1914, cuando vivía en Novy-Targ, pequeña ciudad polaca en la que nací. Un grito resuena aun en mis oídos.
- Han apresado a un espía ruso!
En pocos instantes había corrido la voz hasta el ultimo rincón de nuestra pequeña ciudad....Los rumores no faltaban en aquellos últimos dias de Julio de 1914. La noticia se propagó aquel dia por las calles y de una a otra ventana; "Han apresado a un espía ruso en el pueblo de Poronin y ahora lo traen aquí!"
Como todos los chiquillos de mi edad, corrí a la estación de ferrocarril para presenciar la llegada del preso. El tren entró en la estación....Custodiado por una pareja de guardias, descendió de un vagón un hombre pequeño, rechoncho, con perilla roja en el rostro y una ancha gorra inclinada sobre la frente. Mezclado con los demás muchachos, seguí al insólito trio que cruzó la plaza mayor antes de penetrar en el ayuntamiento, donde estaba dispuesta la única celda para los borrachos vocingleros. Los guardias encerraron en ella al "espía". Pero al dia siguiente lo trasladaron a la cárcel que se hallaba exactamente frente a la sinagoga.
Aquel dia era sabado. En un instante, los judíos abandonaron el oficio religioso. Formaron pequeños grupos delante de la cárcel, hablando interminablemente de la Guerra y del "espía ruso". Algunos dias mas tarde, éste fue transferido a Cracovia y los habitantes de Novy Targ, sobre todo los judíos, pudieron burlarse de un tendero de Poronin que había fiado al espía y a su mujer durante varios meses. La credulidad del tendero judío siguió siendo motivo de chanzas hasta un dia de 1918 en que aquel recibió una carta de Suiza. Muy pronto la ciudad entera supo el contenido de la misma:
"Confío que querrá excusarme por haberme marchado en 1914, debido a difíciles circunstancias, sin pagarle el dinero que le debía. Le ruego que acepte la cantidad que le adjunto."
Vladimir Ilich LENIN
El Gran Juego
Leopold Trepper
Editorial Ariel pag. 1 1977
- Han apresado a un espía ruso!
En pocos instantes había corrido la voz hasta el ultimo rincón de nuestra pequeña ciudad....Los rumores no faltaban en aquellos últimos dias de Julio de 1914. La noticia se propagó aquel dia por las calles y de una a otra ventana; "Han apresado a un espía ruso en el pueblo de Poronin y ahora lo traen aquí!"
Como todos los chiquillos de mi edad, corrí a la estación de ferrocarril para presenciar la llegada del preso. El tren entró en la estación....Custodiado por una pareja de guardias, descendió de un vagón un hombre pequeño, rechoncho, con perilla roja en el rostro y una ancha gorra inclinada sobre la frente. Mezclado con los demás muchachos, seguí al insólito trio que cruzó la plaza mayor antes de penetrar en el ayuntamiento, donde estaba dispuesta la única celda para los borrachos vocingleros. Los guardias encerraron en ella al "espía". Pero al dia siguiente lo trasladaron a la cárcel que se hallaba exactamente frente a la sinagoga.
Aquel dia era sabado. En un instante, los judíos abandonaron el oficio religioso. Formaron pequeños grupos delante de la cárcel, hablando interminablemente de la Guerra y del "espía ruso". Algunos dias mas tarde, éste fue transferido a Cracovia y los habitantes de Novy Targ, sobre todo los judíos, pudieron burlarse de un tendero de Poronin que había fiado al espía y a su mujer durante varios meses. La credulidad del tendero judío siguió siendo motivo de chanzas hasta un dia de 1918 en que aquel recibió una carta de Suiza. Muy pronto la ciudad entera supo el contenido de la misma:
"Confío que querrá excusarme por haberme marchado en 1914, debido a difíciles circunstancias, sin pagarle el dinero que le debía. Le ruego que acepte la cantidad que le adjunto."
Vladimir Ilich LENIN
El Gran Juego
Leopold Trepper
Editorial Ariel pag. 1 1977
miércoles, 3 de diciembre de 2014
LOS JACOBINOS NEGROS DE HAITI
Al ver las imágenes de Sadam Hussein por televisión, convertido, casi, en un mendigo harapiento en aquel zaquizamí, recordé el triste final de Toussaint Louverture y el libro, editado en junio, de C. L. R. James, 'Los jacobinos negros', que lo recuerda. Y siguiendo esta estela de desgraciados gobernantes, caídos en desgracia, recordé a Milosevic.
No quiero, yo, meter en el mismo saco a ambos con Louverture. Aunque, puntos de contactos, tienen algunos, en cuanto a sus más y a sus menos con los distintos imperialismos imperantes.
T. Louverture fue en esclavo negro haitiano que, ya con más de cuarenta años, se unió a la rebelión de los esclavos de las plantaciones de Santo Domingo, quienes, a finales del S. XVIII, se sublevaron contra la esclavitud y su inmenso sufrimiento, llegando a ser su jefe indiscutible.
Puso, además, las bases para la independencia, como primer estado dirigido por esclavos negros, de Haití; estado que, este año, ha cumplido, precisamente, los 200, en medio de protestas, sangrientas, contra el tirano de turno, Arístides.
Toussaint Louverture, atraído con engaños, fue preso, llevado a Francia en la fragata Heros en la noche del 7 al 8 de junio de 1802. Encarcelado en una mazmorra, húmeda y fría, del fuerte Fort de Joux, murió, poco después, el 17 Germinal del año XI (7 de abril de 1803) Es decir, fue asesinado, lentamente, por orden de Napoleón, a cuyas tropas había derrotado, en toda regla, utilizando la misma táctica de guerrillas que los españoles.
Neruda tiene, en su 'Canto general', un poema dedicado a este 'Libertador'. El gran poeta de la negritud, Aimé Cesaire, escribió un ensayo titulado 'Toussaint Louverture. La Revolución francesa y el problema colonial'. Una traducción, al castellano, del mismo, se publicó en La Habana en 1967. Muchos han tratado, en diversos libros, a este personaje. Pero, en fin, habría que destacar, porque estamos en su año y por su cercanía geográfica al cubano Alejo Carpentier -que ya trató en su novela 'El siglo de las Luces' la influencia de la Revolución Francesa en el Caribe- con su 'realismo mágico' en la novelita 'El reino de este mundo'.
Ahora, las editoriales 'Turner' y 'Fondo de Cultura Económica', han reeditado este clásico, 'Los jacobinos negros. Toussaint Louverture y la Revolución de Haití'. Cuando se publicó, en 1938, no podía imaginar nadie, ni siquiera su autor, que se convertiría en un libro de obligada consulta.
Como el subtítulo reza, se trata de analizar este personaje dentro de su entorno, Haití y sus luchas contra los esclavistas y imperialismos de aquel tiempo: el Imperialismo Francés, Británico e incluso el Español que dominaba la otra parte de la isla, ya de capa caída.
Pero, ¿por qué, tenían, tanto interés, las superpotencias, en Santo Domingo, que no es una isla muy grande que digamos? : Santo Domingo (hoy Haití), para Inglaterra era dominar el Caribe, sus riquezas y controlar a los EE.UU. nacientes; y para Francia ¡ah, para Francia! ¡era la joya de la corona francesa!; difícil de entender hoy día, habría que decir que "Santo Domingo es, a la economía francesa del S. XVIII, más que toda Africa a la economía francesa del S. XX" (sic Aimé Cesaire ensayo citado)
Veámoslo con números: 793 trapiches, 3150 añilerías, 789 algodonerías, 317 cafetales, 182 destilerías de aguardiente de caña, 50 cacaotales y además sus tenerías, tejares, caleras... Aunque tiene otra importancia supletoria: las riquezas que procura a la metrópoli y la influencia en su agricultura y en su comercio.
Para mover todo este emporio de riqueza los blancos tenían, sobre todo, a las gentes de color. Gentes que estaban divididas entre: por una parte, los esclavos negros, propiamente dichos; y, por otra, los mulatos, de piel más clara, libres, propietarios muchos de ellos, pero sin derechos políticos. El resto de la población era blanca.
Los blancos, a su vez, se dividían entre: grandes blancos (los colonos propietarios de las plantaciones) y pequeños blancos (funcionarios, comerciantes, abogados y otros)
No paraban ahí las diferencias: entre las gentes de color, además de negros y mulatos, había toda una gradación: cuarterones, mestizos, marabús, mamelucos, grifos, sacatrás... Hay que decir que, entre los negros esclavos, los del servicio doméstico cocineros, criadas, niñeras, cocheros... constituían un grupo aparte, mucho mejor tratado, que los que trabajaban en las plantaciones.
Todo esto, unido a las refriegas de los colonos con la metrópoli; de los colonos con los blancos pobres; de los colonos contra los industriales de Burdeos, Nantes, Marsella; de todos ellos, contra las gentes de color; y de las luchas internas de las gentes de color, da una idea de lo complicado de la situación.
Sin embargo, C. L. R. James desentraña el complejo cuadro de rivalidades, a los que se le unía un embrollo mayor: las luchas políticas en la propia Francia y su repercusión en la isla.
La burguesía revolucionaria francesa se debatía, dramáticamente, entre los principios de su revolución, inscritos en la Declaración de Derecho del Hombre, y la posible derogación de la esclavitud que le haría daño al bolsillo.
Todo esto, relatado de manera apasionante. Una obra, que une la extensa información histórica con una visión, de conjunto, propia de una novela en el que Louverture es casi como un personaje de ficción novelesca.
El autor, recuerda, al principio, algunas de las tortuosas salvajadas sufridas por los esclavos: hierros en las manos, maderos en los pies, máscaras de latón en la cara para que no pudieran chupar ni una pizca de azúcar, mutilación de piernas, genitales, oídos..., o lanzarles cera o azúcar hirviendo hasta matarlos, o enterrarlos, vivos, en tierra, hasta la cabeza y untarla con melaza para que acudieran los insectos, o colocarlos, de la mis manera, pero cerca de hormigueros, colmenas... De modo que el lector, curado de espanto, no se sorprende de las salvajes matanzas de blancos en cada revuelta de esclavos.
En fin, un libro, excelente, que nos va narrando como sortea Louverture los obstáculos derivados de situación tan compleja, como salva las múltiples complicaciones que le surgen, como se orienta dentro de esa selva de intereses, como barrunta, en sus tratos con el imperialismo, sus tretas y sus trampas, cuáles fueron sus errores, sus debilidades... todo ello lo describe admirablemente, C. L. R. James, alumbrado, sin duda, por los métodos marxistas. Hay que decir, por si alguien no lo sabe, que el autor es considerado, también él, como un clásico: un clásico del marxismo.
Esa pugna de intereses, en torno a una colonia, descrita en 'Los jacobinos negros', nos puede servir de marco de referencia para lo que pueda estar sucediendo, hoy, en Iraq o en otros países. Incluso, nos puede servir, a nosotros, en España, para vislumbrar los potenciales conflictos, si antes no lo superamos, entre los aborígenes y los emigrantes que están llegando a España. Luchas entre trabajadores que, intereses inconfesables, pueden fomentar.
Allí, Haití, un pueblo pobre y esclavo, demostró, que se puede resistir, e incluso vencer, al imperialismo; de parecida manera, vemos, hoy, en Iraq, que la Resistencia nos está demostrando, a los pueblos del mundo, que, el imperialismo, puede tener los pies de barro.
José Mª Amigo ZamoranoRebelión
No quiero, yo, meter en el mismo saco a ambos con Louverture. Aunque, puntos de contactos, tienen algunos, en cuanto a sus más y a sus menos con los distintos imperialismos imperantes.
T. Louverture fue en esclavo negro haitiano que, ya con más de cuarenta años, se unió a la rebelión de los esclavos de las plantaciones de Santo Domingo, quienes, a finales del S. XVIII, se sublevaron contra la esclavitud y su inmenso sufrimiento, llegando a ser su jefe indiscutible.
Puso, además, las bases para la independencia, como primer estado dirigido por esclavos negros, de Haití; estado que, este año, ha cumplido, precisamente, los 200, en medio de protestas, sangrientas, contra el tirano de turno, Arístides.
Toussaint Louverture, atraído con engaños, fue preso, llevado a Francia en la fragata Heros en la noche del 7 al 8 de junio de 1802. Encarcelado en una mazmorra, húmeda y fría, del fuerte Fort de Joux, murió, poco después, el 17 Germinal del año XI (7 de abril de 1803) Es decir, fue asesinado, lentamente, por orden de Napoleón, a cuyas tropas había derrotado, en toda regla, utilizando la misma táctica de guerrillas que los españoles.
Neruda tiene, en su 'Canto general', un poema dedicado a este 'Libertador'. El gran poeta de la negritud, Aimé Cesaire, escribió un ensayo titulado 'Toussaint Louverture. La Revolución francesa y el problema colonial'. Una traducción, al castellano, del mismo, se publicó en La Habana en 1967. Muchos han tratado, en diversos libros, a este personaje. Pero, en fin, habría que destacar, porque estamos en su año y por su cercanía geográfica al cubano Alejo Carpentier -que ya trató en su novela 'El siglo de las Luces' la influencia de la Revolución Francesa en el Caribe- con su 'realismo mágico' en la novelita 'El reino de este mundo'.
Ahora, las editoriales 'Turner' y 'Fondo de Cultura Económica', han reeditado este clásico, 'Los jacobinos negros. Toussaint Louverture y la Revolución de Haití'. Cuando se publicó, en 1938, no podía imaginar nadie, ni siquiera su autor, que se convertiría en un libro de obligada consulta.
Como el subtítulo reza, se trata de analizar este personaje dentro de su entorno, Haití y sus luchas contra los esclavistas y imperialismos de aquel tiempo: el Imperialismo Francés, Británico e incluso el Español que dominaba la otra parte de la isla, ya de capa caída.
Pero, ¿por qué, tenían, tanto interés, las superpotencias, en Santo Domingo, que no es una isla muy grande que digamos? : Santo Domingo (hoy Haití), para Inglaterra era dominar el Caribe, sus riquezas y controlar a los EE.UU. nacientes; y para Francia ¡ah, para Francia! ¡era la joya de la corona francesa!; difícil de entender hoy día, habría que decir que "Santo Domingo es, a la economía francesa del S. XVIII, más que toda Africa a la economía francesa del S. XX" (sic Aimé Cesaire ensayo citado)
Veámoslo con números: 793 trapiches, 3150 añilerías, 789 algodonerías, 317 cafetales, 182 destilerías de aguardiente de caña, 50 cacaotales y además sus tenerías, tejares, caleras... Aunque tiene otra importancia supletoria: las riquezas que procura a la metrópoli y la influencia en su agricultura y en su comercio.
Para mover todo este emporio de riqueza los blancos tenían, sobre todo, a las gentes de color. Gentes que estaban divididas entre: por una parte, los esclavos negros, propiamente dichos; y, por otra, los mulatos, de piel más clara, libres, propietarios muchos de ellos, pero sin derechos políticos. El resto de la población era blanca.
Los blancos, a su vez, se dividían entre: grandes blancos (los colonos propietarios de las plantaciones) y pequeños blancos (funcionarios, comerciantes, abogados y otros)
No paraban ahí las diferencias: entre las gentes de color, además de negros y mulatos, había toda una gradación: cuarterones, mestizos, marabús, mamelucos, grifos, sacatrás... Hay que decir que, entre los negros esclavos, los del servicio doméstico cocineros, criadas, niñeras, cocheros... constituían un grupo aparte, mucho mejor tratado, que los que trabajaban en las plantaciones.
Todo esto, unido a las refriegas de los colonos con la metrópoli; de los colonos con los blancos pobres; de los colonos contra los industriales de Burdeos, Nantes, Marsella; de todos ellos, contra las gentes de color; y de las luchas internas de las gentes de color, da una idea de lo complicado de la situación.
Sin embargo, C. L. R. James desentraña el complejo cuadro de rivalidades, a los que se le unía un embrollo mayor: las luchas políticas en la propia Francia y su repercusión en la isla.
La burguesía revolucionaria francesa se debatía, dramáticamente, entre los principios de su revolución, inscritos en la Declaración de Derecho del Hombre, y la posible derogación de la esclavitud que le haría daño al bolsillo.
Todo esto, relatado de manera apasionante. Una obra, que une la extensa información histórica con una visión, de conjunto, propia de una novela en el que Louverture es casi como un personaje de ficción novelesca.
El autor, recuerda, al principio, algunas de las tortuosas salvajadas sufridas por los esclavos: hierros en las manos, maderos en los pies, máscaras de latón en la cara para que no pudieran chupar ni una pizca de azúcar, mutilación de piernas, genitales, oídos..., o lanzarles cera o azúcar hirviendo hasta matarlos, o enterrarlos, vivos, en tierra, hasta la cabeza y untarla con melaza para que acudieran los insectos, o colocarlos, de la mis manera, pero cerca de hormigueros, colmenas... De modo que el lector, curado de espanto, no se sorprende de las salvajes matanzas de blancos en cada revuelta de esclavos.
En fin, un libro, excelente, que nos va narrando como sortea Louverture los obstáculos derivados de situación tan compleja, como salva las múltiples complicaciones que le surgen, como se orienta dentro de esa selva de intereses, como barrunta, en sus tratos con el imperialismo, sus tretas y sus trampas, cuáles fueron sus errores, sus debilidades... todo ello lo describe admirablemente, C. L. R. James, alumbrado, sin duda, por los métodos marxistas. Hay que decir, por si alguien no lo sabe, que el autor es considerado, también él, como un clásico: un clásico del marxismo.
Esa pugna de intereses, en torno a una colonia, descrita en 'Los jacobinos negros', nos puede servir de marco de referencia para lo que pueda estar sucediendo, hoy, en Iraq o en otros países. Incluso, nos puede servir, a nosotros, en España, para vislumbrar los potenciales conflictos, si antes no lo superamos, entre los aborígenes y los emigrantes que están llegando a España. Luchas entre trabajadores que, intereses inconfesables, pueden fomentar.
Allí, Haití, un pueblo pobre y esclavo, demostró, que se puede resistir, e incluso vencer, al imperialismo; de parecida manera, vemos, hoy, en Iraq, que la Resistencia nos está demostrando, a los pueblos del mundo, que, el imperialismo, puede tener los pies de barro.
José Mª Amigo ZamoranoRebelión
sábado, 1 de noviembre de 2014
La aventura del conocimiento y el aprendizaje
La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: “….haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos”. Quizá se supriman algunos… detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas. Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las “señoritas livianas”, los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros. Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio. Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando “Desde el Alma” sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro. Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa. Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente. Gane mucho “vento” sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable. ¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. “Nunca termina uno de aprender”, reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.
Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. “Olvide hoy, pague mañana”. Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los “sistemas para enseñar lo que es bueno”, “a respetar, quién es uno”, etc. Todos estos cursos comienzan con la frase “Yo te voy a enseñar” y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.
Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida. De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
“Aprenda a tocar la flauta en 100 años”.
“Aprenda a vivir durante toda la vida”.
“Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje”.
Alejandro Dolina
martes, 7 de octubre de 2014
ISLA YAP
Antes de la Primera Guerra Mundial las islas Palau (anteriormente Pelew) pertenecían a Alemania, que en 1899 las había comprador a España. Luego, en 1918, se convirtieron en mandato japonés. Con desprecio de la obligación impuesta por la Liga de las Naciones, el Japón las convirtió en bases fortificadas, que le fueron muy útiles durante la Segunda Guerra Mundial. Las islas Palau fueron escenario de los mas sangrientos combates librados en el Pacífico, y la isla central, la de Yap, adquirió notoriedad en la historia de la Guerra. Actualmente todo el grupo de islas se encuentra en manos norteamericanas.
Pero mucho antes de los alemanes, los japoneses o los norteamericanos, Yap era famosa por cierta particularidad: su moneda. Aunque inocentes y primitivos, los nativos de bronceada piel conocían la institución del dinero. El único inconveniente era que Yap carecía absolutamente de metales; y si bien había abundancia de conchas, frutos y dientes de animales, los habitantes de Yap llegaron a la conclusion de que un Sistema monetario fundado en estos objetos tan comunes carecía de la estabilidad necesaria. Era preciso hallar un material tipo que poseyera auténtico valor intrínseco.
En definitiva eligieron el producto de una isla situada a doscientas millas de distancia: las piedras de una gran cantera, un material perfecto para la fabricación de ruedas de molino. La isla estaba a gran distancia; extraer y dar formas a las piedras implicaba considerable esfuerzo. Por consiguiente, se dijeron los habitantes de Yap, habían hallado la moneda perfecta.
Una piedra redonda y chata de aproximadamente un pie de diámetro correspondía más o menos a media corona o a un dólar de plata. Si se la perforaba en el centro, se podia pasar un palo por el agujero, y llevarla al Mercado.....aunque el portador no pudiera caminar muy erecto. Cuanto más grande la piedra, mayor su valor. La enorme piedra de molino de doce pies de diámetro era equivalente de un billete de mil dólares; y el agujero practicado en el centro podia dar cabida al jefe indígena más corpulento.
Pero, cómo se utilizaba esta moneda? Era preciso trasladar estas piedras, cuyo peso era de varias toneladas, cada vez que se compraba o vendía algo? El pueblo de Yap era demasiado sensato para acometer tan pesada tarea. Se dejaban las piedras en el sitio original, en el jardín o en el patio del primer propietario; adquirían la condición de propiedad inmueble, y se las transfería sencillamente a nombre del nuevo propietario. El pueblo de Yap carece de lenguaje escrito, de modo que el convenio era puramente verbal; pero era respetado más fielmente que un documento de cincuenta páginas redactado por un regimiento de abogados. En Yap había muchos hombres adinerados cuya "riqueza" se hallaba dispersa por toda la isla. Naturalmente, tenían derecho a visitar su propiedad, a inspeccionarla, a sentarse en el agujero central y a satisfacer su orgullo de propietario. Y en este orgullo se complacían tanto como el avaro que recuenta su dinero o el accionista que corta sus cupones.
Pero la historia no acaba aquí. Yap sufre a menudo tifones tropicales. Tampoco son raros los maremotos. A veces se descargan con enorme violencia, y las grandes piedras iban a parar a las lagunas. Una vez superado el difícil momento, reparadas las chozas y enterrados los muertos, los nativos se dedicaban a buscar el dinero perdido. Lo hallaban en el fondo de los lagos, claramente visible gracias a la transparencia de las aguas. Pero establecida la ubicación de las piedras, a nadie se le pasaba por la cabeza la idea de rescatarlas. Hubiera sido tarea muy difícil; sea como fuere, jamás se realizó el intento
El dinero, la riqueza, estaba allí; ni el prestigio familiar ni la situación individual sufrían porque esa riqueza estuviera sumergida en una o dos brazas de agua.
Actualmente, del 75 al 80 por ciento del oro mundial está en Fort Knox, Kentucky. Se han dispuesto complicadas precauciones contra la posibilidad de un ataque atómico. Basta mover una o dos palancas para inundar los depósitos. Pero aunque el oro está en depósitos subterráneos, y fácilmente podría quedar sumegido, el valor de la moneda norteamericana no se ha visto afectado en lo más mínimo. El dólar es siempre el "todopoderoso" dólar, porque la gente sabe que el oro está allí. Y lo mismo puede decirse de todos los países que todavía se ajustan al patron oro
Hay tanta diferencia entre el oro de Fort Knox y las ruedas de Molino de Yap?
Historia de la estupidez humana de Paul Tabori pag 33
Pero mucho antes de los alemanes, los japoneses o los norteamericanos, Yap era famosa por cierta particularidad: su moneda. Aunque inocentes y primitivos, los nativos de bronceada piel conocían la institución del dinero. El único inconveniente era que Yap carecía absolutamente de metales; y si bien había abundancia de conchas, frutos y dientes de animales, los habitantes de Yap llegaron a la conclusion de que un Sistema monetario fundado en estos objetos tan comunes carecía de la estabilidad necesaria. Era preciso hallar un material tipo que poseyera auténtico valor intrínseco.
En definitiva eligieron el producto de una isla situada a doscientas millas de distancia: las piedras de una gran cantera, un material perfecto para la fabricación de ruedas de molino. La isla estaba a gran distancia; extraer y dar formas a las piedras implicaba considerable esfuerzo. Por consiguiente, se dijeron los habitantes de Yap, habían hallado la moneda perfecta.
Una piedra redonda y chata de aproximadamente un pie de diámetro correspondía más o menos a media corona o a un dólar de plata. Si se la perforaba en el centro, se podia pasar un palo por el agujero, y llevarla al Mercado.....aunque el portador no pudiera caminar muy erecto. Cuanto más grande la piedra, mayor su valor. La enorme piedra de molino de doce pies de diámetro era equivalente de un billete de mil dólares; y el agujero practicado en el centro podia dar cabida al jefe indígena más corpulento.
Pero, cómo se utilizaba esta moneda? Era preciso trasladar estas piedras, cuyo peso era de varias toneladas, cada vez que se compraba o vendía algo? El pueblo de Yap era demasiado sensato para acometer tan pesada tarea. Se dejaban las piedras en el sitio original, en el jardín o en el patio del primer propietario; adquirían la condición de propiedad inmueble, y se las transfería sencillamente a nombre del nuevo propietario. El pueblo de Yap carece de lenguaje escrito, de modo que el convenio era puramente verbal; pero era respetado más fielmente que un documento de cincuenta páginas redactado por un regimiento de abogados. En Yap había muchos hombres adinerados cuya "riqueza" se hallaba dispersa por toda la isla. Naturalmente, tenían derecho a visitar su propiedad, a inspeccionarla, a sentarse en el agujero central y a satisfacer su orgullo de propietario. Y en este orgullo se complacían tanto como el avaro que recuenta su dinero o el accionista que corta sus cupones.
Pero la historia no acaba aquí. Yap sufre a menudo tifones tropicales. Tampoco son raros los maremotos. A veces se descargan con enorme violencia, y las grandes piedras iban a parar a las lagunas. Una vez superado el difícil momento, reparadas las chozas y enterrados los muertos, los nativos se dedicaban a buscar el dinero perdido. Lo hallaban en el fondo de los lagos, claramente visible gracias a la transparencia de las aguas. Pero establecida la ubicación de las piedras, a nadie se le pasaba por la cabeza la idea de rescatarlas. Hubiera sido tarea muy difícil; sea como fuere, jamás se realizó el intento
El dinero, la riqueza, estaba allí; ni el prestigio familiar ni la situación individual sufrían porque esa riqueza estuviera sumergida en una o dos brazas de agua.
Actualmente, del 75 al 80 por ciento del oro mundial está en Fort Knox, Kentucky. Se han dispuesto complicadas precauciones contra la posibilidad de un ataque atómico. Basta mover una o dos palancas para inundar los depósitos. Pero aunque el oro está en depósitos subterráneos, y fácilmente podría quedar sumegido, el valor de la moneda norteamericana no se ha visto afectado en lo más mínimo. El dólar es siempre el "todopoderoso" dólar, porque la gente sabe que el oro está allí. Y lo mismo puede decirse de todos los países que todavía se ajustan al patron oro
Hay tanta diferencia entre el oro de Fort Knox y las ruedas de Molino de Yap?
Historia de la estupidez humana de Paul Tabori pag 33
lunes, 11 de agosto de 2014
LA LIBRETA NEGRA
"...Creo que una forma rápida y eficiente de debilitar a los gobiernos regionales que se oponen a nuestros objetivos es crear, denunciar y difundir más casos de corrupción. Estos casos se propagan como reguero de pólvora por varias razones. Una es que estos países pobres, desde la clase media (incluyéndola) hacia abajo, hay serias carencias económicas y todas las familias, por un motivo u otro, temen desbarrancarse.
Encontrar un responsable de las propias penurias es un gran alivio, "vivo así de mal porque los corruptos se llevan la plata"
A esto se le suma el placer que desde siempre nos produce a los hombres acusar a un culpable, poner el pecado en el otro, y disfrutar de la desgracia ajena. Las denuncias sobre corrupción se tornan algo muy creíble y como se supone que todo es obviamente secreto, son muy difíciles de probar pero también de desmentir. Por supuesto, las denuncias tienen que tener algún viso de credibilidad. Recomiendo firmemente crear y denunciar más casos de corrupción.
No se me escapa que lo que digo no es novedad. Solo sugiero que se incentive.
Es una forma muy eficiente y rápida de desgastar a los gobiernos populistas..."
Informe que hace el personaje Marcelo a la Embajada en la novela La libreta negra
Fernando Braga Menéndez pag. 113
Encontrar un responsable de las propias penurias es un gran alivio, "vivo así de mal porque los corruptos se llevan la plata"
A esto se le suma el placer que desde siempre nos produce a los hombres acusar a un culpable, poner el pecado en el otro, y disfrutar de la desgracia ajena. Las denuncias sobre corrupción se tornan algo muy creíble y como se supone que todo es obviamente secreto, son muy difíciles de probar pero también de desmentir. Por supuesto, las denuncias tienen que tener algún viso de credibilidad. Recomiendo firmemente crear y denunciar más casos de corrupción.
No se me escapa que lo que digo no es novedad. Solo sugiero que se incentive.
Es una forma muy eficiente y rápida de desgastar a los gobiernos populistas..."
Informe que hace el personaje Marcelo a la Embajada en la novela La libreta negra
Fernando Braga Menéndez pag. 113
jueves, 24 de julio de 2014
Comentario publicado por Victor Heredia del blog Segunda Cita
"... La historia es imprescindible para saber quienes somos, para orientarnos cuando aparecemos de pronto en este mundo Viejo. La historia se supone que sea una ciencia, no una religión o un manual ideológico. La historia a veces está escrita por personas que exponen hechos y datos, pero también por personas que interpretan esos hechos y datos. Es dificil que los textos históricos no trasluzcan las ideologías de quienes los escriben, mas cuando fueron personas comprometidas con las realidades que cuentan. Es de suponer que en los tiempos actuales la historia este más "limpia de paja", pero seguimos constatando que la imparcialidad no existe cuando hasta la prensa, que debiera ser objetiva, obedece a intereses.
No creo que haya que falsear la historia, pero lo que sea que nos cuenten no debiera servir para inocularnos rencor y para que pensemos que nuestro destino es el odio y la muerte. Eso es inhumano, es injusto, es cruel, no sólo para los destinatarios del odio sino también, y mucho, para sus portadores.
Esta bien respetar a nuestros antepasados, honrarlos en nuestra memoria y ver en nuestros actos una consecuencia de sus mejores actos. Lo que no encuentro bien es dejarnos consumir por antiguos rencores de cuando la cultura, la ciencia y el conocimiento del Universo apenas se propagaban. La lucidez, la ventaja de saber más, debiera servirnos para solucionar lo que antes parecía insoluble.
Los odios vienen de las eras más oscuras del hombre. Si estamos por el progreso debemos ser capaces de rechazar cualquier vestigio de oscuridad. Yo agradezco cuando los sabios que nos cuentan la historia saben apartar la cizaña de lo esencial del conocimiento.
Casi todos los pueblos del mundo somos mestizos. Todas las sangres son buenas si el pensamiento que las hace correr es bueno. Por eso abrazo y celebro lo que me hace amar y no odiar..."
Silvio Rodríguez cantautor cubano
No creo que haya que falsear la historia, pero lo que sea que nos cuenten no debiera servir para inocularnos rencor y para que pensemos que nuestro destino es el odio y la muerte. Eso es inhumano, es injusto, es cruel, no sólo para los destinatarios del odio sino también, y mucho, para sus portadores.
Esta bien respetar a nuestros antepasados, honrarlos en nuestra memoria y ver en nuestros actos una consecuencia de sus mejores actos. Lo que no encuentro bien es dejarnos consumir por antiguos rencores de cuando la cultura, la ciencia y el conocimiento del Universo apenas se propagaban. La lucidez, la ventaja de saber más, debiera servirnos para solucionar lo que antes parecía insoluble.
Los odios vienen de las eras más oscuras del hombre. Si estamos por el progreso debemos ser capaces de rechazar cualquier vestigio de oscuridad. Yo agradezco cuando los sabios que nos cuentan la historia saben apartar la cizaña de lo esencial del conocimiento.
Casi todos los pueblos del mundo somos mestizos. Todas las sangres son buenas si el pensamiento que las hace correr es bueno. Por eso abrazo y celebro lo que me hace amar y no odiar..."Silvio Rodríguez cantautor cubano
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